Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008
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Nota de prensa: Texto PDF
Orientaciones morales ante la situación actual de España: Texto PDF
La pretensión de este blog no es otra que la de ir adentrándonos en
el infinito amor que Dios Padre tiene
en su Hijo Jesucristo a cada uno de nosotros.

Pues como lo que nos anima en el camino cristiano es, también, el testimonio de los santos, aquí os dejo un video más sobre Madre Teresa.
Una vida tocada por Cristo. Una vida dada a Cristo, enamorada de su Esposo.
Un día, si Dios quiere y con más tiempo, ya haremos algunas bonitas reflexiones. Ahora podemos verla y ver a Cristo en ella y animarnos a la santidad.
UN HOMBRE PROFÉTICO
Artículo publicado en el diario YA-Toledo el 19.11.1991 por D. Baldomero Jiménez Duque (1911-+2007).
Conocí a D. José Rivera desde los comienzos de su vida sacerdotal. Y le traté con más frecuencia en los últimos años, cuando definitivamente quedó en Toledo.
No se me ocurren en este momento especiales anécdotas o detalles de su vida. Pero, por lo que ví directamente de él y por lo que oí de los que convivieron con él -he tratado mucho con ellos-, mi convicción absoluta es la de que estamos ante un caso de santidad sacerdotal extraordinaria y excepcional.
D. José fue un hombre profético, es decir, un mensajero de Dios, que cumplió su misión de gritar y testimoniar su amor ante los hombres de manera impresionante.
Profético hasta en su modo de vivir. Admirable por su abundante oración, por su austeridad de vida, su despreocupación por los detalles sin importancia que el mundo valora. Se palpaba que tenía el mundo -incluido el "mundillo eclesiástico"- bajo los pies. Y esto con sencillez y naturalidad, sin rarezas, y sin meterse ni directa ni indirectamente con nadie. Todo le tenía sin cuidado. Sólo le importaba trabajar por Dios y llevar a los hombres a Dios.
Profético por su pobreza radical. Lo dio todo: dinero, libros (muchos, porque D. José en el fondo fue un intelectual, muy inteligente y muy culto), casa, tiempo, salud..., todo. Pobre y humilde: pudo muy bien "hacer carrera" dentro del sacerdocio, pero no quiso; y no hizo más que sacrificarse y trabajar "sin estipendio".
Profético por su trabajo apostólico. Sabido es de todos cómo D. José quemó su vida sin parar por toda España. Sin medios cómodos, ni tenía coche ni conducía. A base de que otros le llevaran, y principalmente a base de trenes, coches de línea, etc. Ejercicios a sacerdotes, a religiosas, a seglares... Convivencias, cursillos, retiros innumerables... Clases en el Seminario. Consultas a todas horas y en todas partes. Dirección espiritual de muchos y de muchas. Una actividad de esas que, a los que somos pobres y débiles de espíritu, nos avergüenzan y acobardan, a la vez que nos estimulan.
Profético con especial misión cerca de los sacerdotes y aspirantes al sacerdocio. Pocos pueden compararse con él en este ministerio pastoral en nuestros días en España. Ha sido un verdadero regalo de Dios a la Iglesia, en particular a la Iglesia de Toledo, en nuestros días tan necesitados de maestros y formadores así. Creó un verdadero movimiento sacerdotal a la manera de san Juan de Avila, que tiene un largo alcance, y cuya huella esperamos que durará.
Escribió relativamente poco, pero hizo mucho, muchísimo. Escribió poco, aunque pudo haberlo hecho abundantemente, dada su capacidad y su preparación para ello; pero, aunque apenas dormía, la oración y el inmenso quehacer le acaparaban el tiempo. Y quizá no se sentía movido por el Señor a este trabajo de escribir. Tampoco escribía apenas cartas.
Profético por su dedicación a los pobres, sobre todo en los últimos años. Se hizo pobre y mendigo por ellos, hasta vivir entrampado él mismo siempre, pero pudiendo en definitiva repartir millones. Y ayudar así a muchos material y espiritualmente.
Por todo esto, repito, mi sincerísima visión de D. José es la de un auténtico santo sacerdote, digno de ser conocido por los sacerdotes como modelo ejemplar.
Quizá algunos detalles suyos sean muy personales, y el conjunto de su vida sobrehumana quizá no sea alcanzable para muchos. Dios le dio a él energías fisicas y gracias sobrenaturales suficientes para ello. Y él supo responder a esos dones divinos con indiscutible generosidad y entrega. Sin duda que esto le costaría a su naturaleza humana. Es natural. Pero supo ser humilde y confiar. Y no fue un mediocre -él tenía tremenda ojeriza a la mediocridad-, sino un sacerdote expropiado de todo (hasta de sus restos mortales), entregado totalmente, y comprometido al máximum. La muerte le sorprendió en el tajo: se quemó en sus mismas llamas con toda sencillez y paz.
Me alegraría que la Iglesia le quisiera glorificar para que su lección sirviese más eficazmente a todos los sacerdotes, especialmente a los de España y de América.
Ávila 9. abril. 1991
(firmado) Baldomero Jiménez Duque