Don José Rivera Ramírez (1925-1991)
UN HOMBRE PROFÉTICO
Artículo publicado en el diario YA-Toledo el 19.11.1991 por D. Baldomero Jiménez Duque (1911-+2007).
Conocí a D. José Rivera desde los comienzos de su vida sacerdotal. Y le traté con más frecuencia en los últimos años, cuando definitivamente quedó en Toledo.
No se me ocurren en este momento especiales anécdotas o detalles de su vida. Pero, por lo que ví directamente de él y por lo que oí de los que convivieron con él -he tratado mucho con ellos-, mi convicción absoluta es la de que estamos ante un caso de santidad sacerdotal extraordinaria y excepcional.
D. José fue un hombre profético, es decir, un mensajero de Dios, que cumplió su misión de gritar y testimoniar su amor ante los hombres de manera impresionante.
Profético hasta en su modo de vivir. Admirable por su abundante oración, por su austeridad de vida, su despreocupación por los detalles sin importancia que el mundo valora. Se palpaba que tenía el mundo -incluido el "mundillo eclesiástico"- bajo los pies. Y esto con sencillez y naturalidad, sin rarezas, y sin meterse ni directa ni indirectamente con nadie. Todo le tenía sin cuidado. Sólo le importaba trabajar por Dios y llevar a los hombres a Dios.
Profético por su pobreza radical. Lo dio todo: dinero, libros (muchos, porque D. José en el fondo fue un intelectual, muy inteligente y muy culto), casa, tiempo, salud..., todo. Pobre y humilde: pudo muy bien "hacer carrera" dentro del sacerdocio, pero no quiso; y no hizo más que sacrificarse y trabajar "sin estipendio".
Profético por su trabajo apostólico. Sabido es de todos cómo D. José quemó su vida sin parar por toda España. Sin medios cómodos, ni tenía coche ni conducía. A base de que otros le llevaran, y principalmente a base de trenes, coches de línea, etc. Ejercicios a sacerdotes, a religiosas, a seglares... Convivencias, cursillos, retiros innumerables... Clases en el Seminario. Consultas a todas horas y en todas partes. Dirección espiritual de muchos y de muchas. Una actividad de esas que, a los que somos pobres y débiles de espíritu, nos avergüenzan y acobardan, a la vez que nos estimulan.
Profético con especial misión cerca de los sacerdotes y aspirantes al sacerdocio. Pocos pueden compararse con él en este ministerio pastoral en nuestros días en España. Ha sido un verdadero regalo de Dios a la Iglesia, en particular a la Iglesia de Toledo, en nuestros días tan necesitados de maestros y formadores así. Creó un verdadero movimiento sacerdotal a la manera de san Juan de Avila, que tiene un largo alcance, y cuya huella esperamos que durará.
Escribió relativamente poco, pero hizo mucho, muchísimo. Escribió poco, aunque pudo haberlo hecho abundantemente, dada su capacidad y su preparación para ello; pero, aunque apenas dormía, la oración y el inmenso quehacer le acaparaban el tiempo. Y quizá no se sentía movido por el Señor a este trabajo de escribir. Tampoco escribía apenas cartas.
Profético por su dedicación a los pobres, sobre todo en los últimos años. Se hizo pobre y mendigo por ellos, hasta vivir entrampado él mismo siempre, pero pudiendo en definitiva repartir millones. Y ayudar así a muchos material y espiritualmente.
Por todo esto, repito, mi sincerísima visión de D. José es la de un auténtico santo sacerdote, digno de ser conocido por los sacerdotes como modelo ejemplar.
Quizá algunos detalles suyos sean muy personales, y el conjunto de su vida sobrehumana quizá no sea alcanzable para muchos. Dios le dio a él energías fisicas y gracias sobrenaturales suficientes para ello. Y él supo responder a esos dones divinos con indiscutible generosidad y entrega. Sin duda que esto le costaría a su naturaleza humana. Es natural. Pero supo ser humilde y confiar. Y no fue un mediocre -él tenía tremenda ojeriza a la mediocridad-, sino un sacerdote expropiado de todo (hasta de sus restos mortales), entregado totalmente, y comprometido al máximum. La muerte le sorprendió en el tajo: se quemó en sus mismas llamas con toda sencillez y paz.
Me alegraría que la Iglesia le quisiera glorificar para que su lección sirviese más eficazmente a todos los sacerdotes, especialmente a los de España y de América.
Ávila 9. abril. 1991
(firmado) Baldomero Jiménez Duque

7 comentarios:
Gracias Padre por sus bendiciones, y que Dios lo cuide e ilumine. Feliz AÑo.
Feliz año también para tí, y muchas gracias por pasar por mi blog y tu deseos para el nuevo año. Un saludo
¡¡anda qué sorpresa, Padre Oriol, encontrarte en el mundo blogueril!!
Me alegro mucho de que te hayas animado a ello. Se pude hacer mucho bien de esta manera.
Fernando ya está algo mejor, aunque el virus ese es duro de pelar... Cuidate mucho y cuida a tus parroquianos.
Un saludo cordial.
Hola Padre Oriol. Feliz año nuevo! Gracias por pasar por el blog y por sus palabras de liento que nos animan a seguir adelante.
Como Necesitamos sacerdotes como el Padre Rivera, que hermoso es saber que existen muchos santos sacerdotes en el mundo.
Que Dios lo bendiga mucho y lo haga santo.
Hasta cada oración, Teresa ocds
Este escrito me recuerda a cuando san Buenaventura escribe sobre san Francisco. Aquí también Don Baldomero escribe sobre Don José Rivera. Un santo escribe sobre otro santo...Y con que suavidad se oculta Don Baldomero!
Hermosa historia padre Oriol. Gracias. Y gracias a Dios hay muchos sacerdotes asi en el mundo, solo que muchos de ellos, o casi todos, al igual que don José están ocultos entre las bondades de su naturaleza y su anhelo de servir a Dios y a la Iglesia toda.
Vaya el primer lugar en el buscador de google es esta entrada sobre don José... famoso escrito ahora al alcance de todos en la blogósfera
Gracias por compartirlo
y dos direcciones de interés sobre don José:
www.jose-rivera.org
www.donjoserivera.tk
algo de lo q no se ve en uno se ve en otro
Saludos
Pablo
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