Miercoles de ceniza. Inicio de la Cuaresma
Con el Miércoles de Ceniza empezamos este nuevo tiempo de gracia que es la Cuaresma. Tiempo en que el Señor nos quiere convertir, nos quiere salvar, haciéndonos capaces de colaborar con Él, salvando a otros.
La conversión es recibir la gracia de Dios que me hace volver a El, separándome de mi situación de pecado. Volver a Dios es avanzar hacia la intimidad con las Personas Divinidas que habitan en mí por la gracia. Pero habitan en mí, en cuanto formo parte del Cuerpo de Cristo, que es el Templo de la Trinidad.
Por eso la Cuaresma es un tiempo litúrgico eclesial: en cuanto recibo la gracia de Dios en la Iglesia y de la Iglesia.
Nos preparamos para ser renovados en la Pascua y en Pentecostés. Cristo nos ofrece en este tiempo su gracia para reavivar la gracia del bautismo. Por eso, es de especial importancia, que durante este tiempo renovemos la conciencia de bautizados; que han muerto al pecado y renacidos a la nueva vida. En definitiva, esto es lo que ahora el Señor va a renovar en cada uno de los miembros de la Iglesia, si nos disponemos a ello, si nos abrimos a la gracia particular que nos quiere dar: Experimentar en nuestra propia vida la muerte al pecado con todas sus consecuencias, para renacer con Cristo, más todavía, a la vida nueva. Y esta vida nueva no es otra que la vida del Espíritu Santo viviendo en nosotros.
Por eso el camino llega hasta Pentecostés, cuando el Espíritu Santo es dado a la Iglesia.
La conversión no es otra que la de experimentar la vida en Cristo en nosotros por la acción del Espíritu Santo: "no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20)

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